La infancia a orillas del mar.
Fue un sentimiento realmente grato poder ver cómo unos jóvenes locales se divertían enormemente, una tarde cualquiera, con las manos vacías: solo ellos, una playa y unos cuantos botes de colores. Me recordó directamente a mi infancia, llena de carencias y mudanzas frecuentes, pero con una constante: la playa. Íbamos a pie con mi madre y ahí no faltaba absolutamente nada.
Uno de estos niños estaba viendo una de mis películas favoritas de Dragon Ball Z (la de Janemba); me quedé con él a verla un minuto, le invité una Coca-Cola y me fui. Al día siguiente volví a la misma playa y un muchacho me abordó para pedirme una empanada. Se la compré. De repente, me reconoció y me dijo: «Yo te he visto en otro lado». Y ahí recordé: era el mismo con el que me había quedado viendo la película.
De ahí en adelante, ellos me permitieron fotografiarlos mientras pasaban su tarde en la playa y me regalaron lo que para mí es uno de los mejores bloques de la serie Nómada: «Herederos de Sal y Mar».
De la sonrisa ante el trabajo.
Durante esta vuelta a mi tierra visité lugares a los que podría decir que nunca fui por voluntad propia; tal vez porque eran inseguros anteriormente, tal vez por mero prejuicio. Pero debo decir: qué tonto fui y vaya espectáculo que me estuve perdiendo.
El mercado de pescado de Los Cocos me regaló un amanecer digno del recuerdo, pero ese amanecer se vio opacado por algo más. Algo más común, pero empolvado y casi olvidado por mi mente: la simpatía de los trabajadores en el mercado, su dialecto, su alegría a esa hora… Todo hizo un clic en mi corazón que me regresó a la raíz.
Algunos pedían fotos desde sus botes sin saber para qué serían usadas. Tampoco preguntaron; creo que mucho menos les importaba. Solo querían que alguien dejara plasmado su orgullo, su labor, su trabajo, y hacer eco de una valentía que no ha flaqueado ni en los tiempos de mayor necesidad.
Magic Happens!!!
No solía ser un gran creyente de la magia, de los milagros, de lo místico; pero hoy en día sí creo que la magia encuentra a quien la busca, a quien la pide. Y si no es magia que ese alcatraz se posara para mí aquella mañana común, pues yo no sé lo que será.
Igor Vecchini























